ClaroscuroEl sombrerero con diagnóstico
El Conejo Blanco, heraldo del tribunal. Ilustración de John Tenniel.

Loff Quotes

26 de septiembre de 2026 · 6:56

Fenix x Microcosmos (Mashup)

Lo que quise decir

Hablo de despertarme en medio del dolor, de los diagnósticos, del silencio en los auriculares cuando la música se apaga y de intentar encontrar algo de sentido a todo esto.

La escribí en septiembre de 2026.

Letra

Me desperté en el infierno y me gustó,
y me pregunté si ya estoy muerto,
y si el mundo es un invento de mi mente,
si la vida no es vida y solo es un paréntesis.
Me autodiagnostiqué un trastorno mental con el que viviré,
me autodiagnostiqué un trastorno mental con el que moriré.
El infierno es una fábrica de hombres,
un pasillo de hospitales y prisiones,
una habitación de hotel donde nunca pasan los días,
un zoológico con palomas.
La oscuridad no se va de los ojos que la ven,
el hambre nunca abandona los cuerpos que se la creen,
el sueño que te despierta se convierte en otro nivel,
una vez perdida la fuerza, no hay fuerza para volver.
Querer recuperar lo que ya pasó
es otra forma de perderlo:
lo que alguna vez se dio
no fue de nosotros, sino de Dios.
Por eso es mejor seguir el curso de las cosas.
El arte de soltar no se aprende en una semana,
es la única maestría que no se paga con plata,
es como una piel nueva que te raspa, pero no mata.
Dios me bendice con pensamientos y frases,
mis ancestros están conmigo cuando me siento en trance,
lo que fue de ellos es de mí, así no lo quiera,
lo que ellos no soltaron se paga con el alma.
No quiero más dolor del que ya cargo en mis espaldas,
no quiero más recuerdos de cosas que no viví.
Dame un poco de paz, te lo ruego, mamá,
necesito respirar, no me puedo concentrar.
Yo nací en una estación desierta
y a veces pienso que nunca me dieron las coordenadas correctas.
Sigo en el desierto entre ladrones y asesinos,
de todos los monstruos, el peor se llama hombre.
Mi cuerpo está colgado más tieso que nunca,
mis huesos van hacia un sitio y mi piel va hacia otro,
mis piernas a veces me llevan hacia donde no quiero,
pero lo prefiero antes de no tenerlas,
si la flor de mis llagas sigue creciendo.
A veces la música se detiene,
suena el silencio en los auriculares,
ya ni siquiera las musas quieren
comer las migajas de mis pesares.
¿Qué pasa si se vuelve al polvo
esa esperanza que me hizo crecer,
la pasión con la que recuerdo el hecho de nacer,
para ver si en paz puedo desaparecer?
¿Y qué pasa si el amor se acaba
y no queda nada por compartir,
si esa luz que siempre se clava
desaparece, y qué va a venir?
Vienen los cielos grises,
ya no hay semáforos verdes,
el faro ya no es lo que dices
y ya no hay sal en lo que muerdes.
Pasa, las flores se caen
para que puedan salir nuevas,
para que dejen de llorar las madres,
y no te quedes sin Dios ni las abejas.
Mi vocación oscila entre un desierto y la mística,
buscando con mi man el hierro que no me diste.
Cuando la pluma se acerca, el alma me hierve,
escribo antes de que me llegue la fiebre:
de sus huesos quedan cenizas, mis palabras, un fénix,
serán las plumas las que vuelven a elevarme.
Bajo las sombras hay cuatro letras,
una para cada ángel que guarda sus palabras,
y en la punta de cada una, un rayo.
Ya no tengo que ir a un templo para escuchar su voz,
he dejado de ser ciego para ver sus signos,
tengo que escribir lo que se me revela.
De la puerta que se me abrió salió una de las sombras del cielo,
y no es más que la sombra de un arcángel:
lo que está oculto sigue revelándose.
No hay más poder que el poder que Él me da,
no hay más autoridad que la suya sobre mí,
no hay más conocimiento que el que Él me revela,
no hay más Dios que Dios.
Viene el frío, ya no es tan bonito.
En el círculo, ¿cómo haces
en lo negro de ese rito
para seguir andando en las fases?
Cómo hacer si es irreversible,
no hay nadie que te saque de esa trampa
y un día todo se vuelve invisible,
cuando tus ojos te abandonan y se apagan.
Lo que fue, ya fue,
lo que viene, también.
Es mejor no ver.
Lo que duele, duele.
Lo que me queda es un poco de fe.
Cierra los ojos, no pienses en eso:
lo que se fue ya no es nuestro,
lo que nos duele, suéltalo,
lo que se va no es tuyo, es de Dios.
El ser humano, una vez que alcanzó el pináculo de su evolución,
el oro puro del intelecto,
se da cuenta de que la existencia es un sueño,
delirar, padecer una ilusión persistente, engañosa,
y de que el propósito de la vida es despertar.
No es una cuestión de diagnóstico, sino de experiencia y de tiempo.
No, hermano, lo tuyo no es la depresión, eso es solo un bajo.
Las verdaderas depresiones son aquellas que no tienen cura,
que no tienen palabras, ni recuerdos, ni siquiera pensamientos.
El suicidio parece lo más dulce, pero la lucha es por vivir, por sobrevivir.
¡Cuánto sentido del humor y qué paciencia!
¿Quién soy?
¿Soy el creador del paraíso o el maestro del purgatorio?
Ni lo uno ni lo otro: lo que se va no es mío, es de Dios.
Esta experiencia, este sueño, este juego, esta encarnación, este libro,
¿es un problema o es la solución?
Eso lo decides tú,
y el amor y la locura son cosas que uno aprende a crear,
y cuanto más lo creas, más amor y más locura hay,
hasta que el sentido del humor se convierte en amor,
hasta que el amor vuelve a quien lo dio.
Pasa, las flores se caen
para que puedan salir nuevas,
para que dejen de llorar las madres,
y no te quedes sin Dios ni las abejas.