Lo que quise decir
Hablo de cargar cada día con el mismo peso, de volver a empezar cuando todo se cae y de seguir tirando sin esperar ningún premio ni aplauso final.
La escribí en septiembre de 2026.
Letra
Hay que imaginarse a Sísifo feliz,
dijo un francés que murió en un coche.
Yo me lo imagino bajando la ladera,
silbando, con las manos libres, de noche.
Empujo cada día la misma piedra al monte,
la misma cuesta vieja, la misma herida abierta,
y cuando rozo arriba la línea del horizonte
se me escapa y rueda de vuelta hasta la puerta.
Los dioses me condenan desde su luz de mármol,
pensaron que el castigo era la eternidad;
no saben que en la bajada, con las manos vacías,
por un momento corto yo soy la libertad.
No es la cima lo que importa,
no es la piedra lo que pesa:
es la mano que se aferra
y la mano que regresa.
Que ruede, que ruede, que vuelva a caer,
que el cielo no tenga sentido ninguno;
si nadie lo ha escrito, lo voy a hacer,
si no hay un camino, lo abro y es uno.
Que ruede la piedra, que ría el Olimpo,
que el absurdo me mire sin bajar la vista;
yo bajo cantando, desnudo y limpio:
la cuesta es mi obra y yo soy su artista.
Me preguntan los hombres que venden certezas
por qué no me rindo, por qué no me siento;
les digo que el sentido no está en las cabezas,
que se hace con las manos y se lo lleva el viento.
El que busca un final se muere en la espera,
el que exige una causa se queda sin razón;
yo aprendí de la piedra que no hay otra frontera
que la que uno se pone con su contradicción.
No es la cima lo que importa,
no es la piedra lo que pesa:
es la mano que se aferra
y la mano que regresa.
Que ruede, que ruede, que vuelva a caer,
que el cielo no tenga sentido ninguno;
si nadie lo ha escrito, lo voy a hacer,
si no hay un camino, lo abro y es uno.
Que ruede la piedra, que ría el Olimpo,
que el absurdo me mire sin bajar la vista;
yo bajo cantando, desnudo y limpio:
la cuesta es mi obra y yo soy su artista.
Y si un día la piedra se queda en la cima,
si el monte se cansa, si el dios se distrae,
tendré que inventarme otra cuesta, otra rima,
porque el hombre es la fuerza que sube y que cae.
No hay premio al final, ni aplauso ni gloria,
no hay nadie que cuente las veces que empiezo;
la única eternidad es esta memoria
del músculo que dice: otra vez. Y regreso.
Que ruede, que ruede, que vuelva a caer,
que el cielo se calle, que calle el destino;
lo que no me dieron lo voy a tener
el día que entienda que soy el camino.
Que ruede la piedra, que ría el Olimpo,
que el absurdo me mire sin bajar la vista;
yo bajo cantando, desnudo y limpio:
la cuesta es mi obra y yo soy su artista.
Arriba no hay nada.
Abajo tampoco.
Y en medio, subiendo,
estoy yo.


