ClaroscuroEl sombrerero con diagnóstico
El Conejo Blanco, heraldo del tribunal. Ilustración de John Tenniel.

Loff Quotes

28 de enero de 2026 · 6:48

La terrible belleza de amarte

Lo que quise decir

Miro hacia atrás con el paisaje roto y busco dónde empezó el golpe que no usa puños. La rabia se me rompe en súplica y el pánico se convierte en un rezo porque aprendí a obedecer esta cabeza.

La escribí en enero de 2026.

Letra

¿Qué hice?
¿Qué hice de mi propia historia?
¿Dónde empieza el golpe?
¿Y dónde termino yo?
Miro hacia atrás y el paisaje está roto.
¿Qué hice con los años que me diste?
¿Hasta dónde elige mi propia piel hasta el hueso?
¿Hasta dónde permití que el cuchillo entrara?
Hay una herida que no tiene autor,
o quizá el autor soy yo.
¿O somos todos?
¿Dónde se esconde lo huérfano en un cuerpo adulto?
Busco el lugar exacto donde impacta el silencio.
Porque hay golpes que no usan puños.
Hay golpes que usan ausencias.
Y no sé dónde duele si lo golpeado no tiene nombre.
Si lo golpeado es un fantasma dentro de la carne.

Y allí, justo allí,
en el rincón más adentro del sótano,
allí se cría la bestia, el miedo dentro del otro miedo.
Como un cáncer que se alimenta de la duda,
allí estaba tapado, esperando el turno,
inmóvil, pero creciendo,
inevitable,
acechándome como una sombra que respira.

Es un absoluto,
tanto tal como la fe,
tanto tal como el vacío tan inmenso,
como el amor a Dios,
como tomar los hábitos del silencio
y encerrarme en la celda de mí mismo.
Si pierdo mi amor por ti,
¿qué son los días?
Son cenizas en la boca.
¿Qué son si pierdo la belleza?
La terrible, terrible belleza de amarte,
aunque me cueste la vida,
aunque me cueste la razón.
El perdón es un reloj que se ha parado
y siempre necesita tiempo,
mucho tiempo.
Pero yo miro mis manos y ya no queda arena,
no queda tiempo para que tomes lo que es tuyo,
para morirme de este amor,
aun cuando el amor parezca no estar,
aun cuando el cielo esté cerrado con llave.

Allí está el principio del abismo,
allí comienza el comienzo del fin,
el desbordamiento de lo que no cabe en el pecho,
lo inmenso rompiendo los diques,
el saber brutal de que así debe ser,
de que así ha sido siempre
desde el primer aliento.
Sé que este amor tiene dientes,
sé que tiene el poder de la destrucción y la gloria,
sé que esa muerte es exuberante
como una selva,
y lo supe desde el primer beso.
Me tomó una vida entera entender el precio.
Podría no haberlo sabido,
podría haber vivido ciego y tranquilo,
pero elegí ver.
Y para merecerte
tengo que dejarme comer el corazón,
servirlo en la mesa y dejar que lo devoren
sin reservas,
sin miedos,
aunque tiemblo.

Y ahora el miedo cambia de forma,
y la rabia se me convierte en súplica,
el orgullo se rompe y se hace súplica.
El mismísimo pánico no es más que un rezo,
gritando hacia arriba.
Las palabras se arrodillan,
yo me arrodillo,
es otra forma de obediencia,
la más cruel y la más pura.
Estoy enseñado a obedecer,
estoy entrenado para bajar la cabeza.
Estoy obedeciendo, dejándome golpear por esa ola gigante
sin levantar las manos para cubrirme.
Estoy inerme, totalmente desnudo ante el impacto.

Eres un absoluto,
tanto tal como la fe,
tanto tal como el vacío, tan inmenso,
como el amor a Dios,
como tomar los hábitos del silencio
y encerrarme en la celda de mí mismo.
Si pierdo mi amor por ti,
¿qué son los días?
¿Qué son si pierdo la belleza?
La terrible, terrible belleza de amarte.

Y entonces pido perdón
y no sé de qué,
no sé qué ley rompí, pero la rompí,
y te pido,
te pido como quien se ahoga:
no me dejes, no me dejes.
Y sé que eso no se debe pedir,
que el amor no se mendiga,
pero yo lo estoy pidiendo.
He perdido la dignidad del guerrero,
soy un indigente en tu puerta.
No tengo vergüenza,
ya no me queda ropa para tapar la vergüenza.
Solo tengo miedo, tengo mucho miedo
de que te vayas y me dejes con este yo
que no sirve sin ti.

Allí comienza,
allí el miedo,
allí la súplica.
Me dejes.
Tengo mucho miedo.
Tengo mucho amor.
La terrible belleza.