ClaroscuroEl sombrerero con diagnóstico
El Conejo Blanco, heraldo del tribunal. Ilustración de John Tenniel.

Loff Quotes

26 de septiembre de 2026 · 5:18

pueblos x desigualdad (Mashup)

Lo que quise decir

Hablo de la diferencia entre vivir donde la gente te conoce de toda la vida y el aislamiento frío de las ciudades y las redes, donde cualquiera desaparece con un clic.

La escribí en septiembre de 2026.

Letra

El otro día en Telegram conocí a un tipo que había estado en la cárcel.
Me dijo que en el módulo no puedes cancelar a un compañero:
que te lo cruzas mañana en el patio, y pasado, y al otro.
Que lo más difícil al salir no fue buscar trabajo.
Fue ver que aquí fuera la gente se borra de un dedazo.

He dicho algo equivocado, lo sé, lo sé,
y quiero pensar que fue un fallo, un mal día, un mal mes.
Otra vez cancelado, otra vez en silencio,
un clic y se apaga lo que tardamos años en tejer.
Me dijeron que me amaban, o eso dijeron,
y un martes cualquiera ya estaba lleno de veneno.
Me fui del país sin moverme del sofá,
dejé de coger el teléfono por no oírlo sonar.
En esta ciudad donde nada es del todo real
soy un fantasma virtual con la gata en el sofá.

En la ciudad no hay loco, hay expediente;
no hay vecino, hay denuncia;
no hay abrazo, hay captura de pantalla.

Si el pueblo fuera pueblo y no ciudad,
yo sería el loquito del pueblo.
Si el pueblo fuera campo,
se me cagaría de risa el campo entero.
Y en el fondo sería
el secreto mejor guardado del pueblo:
el que baja de la feria con cuatro porros,
se fuma uno y se guarda tres en el sombrero.

En los pueblos de verdad el loco tiene nombre,
tiene banco en la plaza, tiene un sitio en el bar,
le dan la vez en la panadería aunque no se acuerde,
y si un día no aparece, alguien va a preguntar.
Te lo comes porque es de la familia,
porque su madre era la del estanco, porque ayudó en la vendimia,
porque cuando brota se le lleva a casa,
no al telediario, no a una lista, no a una plaza de guardia.
En las sociedades verdaderamente humanas
no se bloquea a nadie que no sea un monstruo;
aquí te bloquean por brotar un mes,
y a los monstruos de verdad les dan un micro y un contrato.

En la ciudad no hay loco, hay expediente;
no hay vecino, hay denuncia;
no hay abrazo, hay captura de pantalla.

Si el pueblo fuera pueblo y no ciudad,
yo sería el loquito del pueblo.
Si el pueblo fuera campo,
se me cagaría de risa el campo entero.
Y en el fondo sería
el secreto mejor guardado del pueblo:
el abrigo de los niños, el que cuenta chistes malos,
el que habla con los perros y le responden los perros.

Ahora vivo en un pueblo de la sierra,
pero la sierra también se ha vuelto un poco ciudad:
chalets con verja, grupos de WhatsApp,
vecinos que saben tu nombre por un vídeo y no por un café.
Y yo salgo poco. Salgo acompañado.
Me tomo la sal por la mañana y por la noche,
me duermo a una hora de persona mayor
y ya no bajo a la feria a comprar lo que compraba.
Hoy bajo a por cuatro Coca-Colas Zero,
me bebo una en el banco
y me guardo tres en el sombrero.
Que el loquito también se cura, colega.
Lo que no se cura es un pueblo que ya no sabe tener loquitos.

Estoy loco por gritar en libertad,
por equivocarme en voz alta y que no pase nada,
por que me corrijan mirándome a la cara
y no por un mensaje a las tres de la madrugada.
Que la teshuvá no se hace en un tuit,
se hace en la plaza, delante de todos, pidiendo la vez,
y que el pueblo te diga: vale, loquito, ya está,
siéntate aquí, que te invito a un café.
Cancelar es un deporte en esta sociedad,
un deporte de sofá, sin sudor y sin riesgo:
tú borras a una persona y te vas a cenar,
y la persona se queda buscando su nombre en el suelo.

Yo no pido que me aplaudan, ni que me den la razón;
pido un banco en la plaza, una vez en el pan
y que cuando me pierda alguien diga mi nombre
en vez de cambiar de acera.

Si el pueblo fuera pueblo y no ciudad,
yo sería el loquito del pueblo.
Si el pueblo fuera campo,
se me cagaría de risa el campo entero.
Y en el fondo sería
el secreto mejor guardado del pueblo:
el que antes bajaba con cuatro porros,
y hoy baja con cuatro manzanas en el sombrero,
una para la gata, una para el camino,
una para quien me abra la puerta,
y la última para el que un día me borró,
por si algún día vuelve a ser del pueblo.

Podemos evitarlo.
Probablemente ya ha pasado.
Pero podemos evitarlo.